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EMBARGO hasta las 20 hs. - Asamblea Plenaria 114° Imprimir E-mail

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EMBARGO 20 HS - 114° Asamblea Plenaria
(Pilar, 6-11 de noviembre de 2017)
Misa de Apertura - Homilía de Mons. José María Arancedo

Queridos hermanos:

Con la celebración de esta Eucaristía iniciamos nuestra 114° Asamblea Plenaria, que es una Asamblea Electiva. Vamos a vivir un momento importante en la vida de la Conferencia Episcopal, en el marco de nuestro afecto colegial y comunión eclesial. Es un momento de oración y de reflexión, de discernimiento y de decisiones que hacen a nuestro deber episcopal. Nuestra elección es un acto de libertad y de responsabilidad creativa en la búsqueda del bien pastoral de la Iglesia. Somos conscientes de nuestra fragilidad y límites, pero sabemos que contamos con la promesa de la asistencia del Espíritu Santo a quien invocamos con la confianza de la fe.

No está ausente la presencia de María Santísima, Madre de la Iglesia, que siempre nos acompaña, como acompañó a los Apóstoles. Contamos, además, con la oración de muchos fieles, religiosas y laicos que viven este momento con cercanía espiritual y amor a la Iglesia. No estamos solos, pero sabemos que nos cabe una responsabilidad personal sea para elegir como en ser elegidos al servicio de la misión de la Iglesia. Que el Señor nos conceda los dones de su Espíritu para vivir y asumir este momento de particular trascendencia en la vida y el camino pastoral de nuestra Conferencia Episcopal.

En el evangelio que acabamos de proclamar Jesús nos dice: “cuando des un banquete, invita a los pobres,..…porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos” (Lc. 14, 12-14). Jesús nos habla de algo central en la vida cristiana, de la gratuidad, de dar sin esperar recompensa, de superar la lógica del doy para que me des, de dar un primer paso hacia quien lo necesita, de quebrar ese círculo cerrado de las relaciones basadas en la búsqueda del sólo provecho personal que termina aislándonos, para abrirnos, en cambio, a esa dimensión nueva donde el otro, el que me necesita, es una persona que con su presencia, muchas veces silenciosa, da sentido pleno a nuestra vida. El evangelio es gratuidad.

En este “invita a los pobres” vemos esa constante del evangelio donde ellos son los “preferidos del Señor”. Se trata de una preferencia que es expresión de un amor creador y redentor, que busca cuidar, sanar y elevar la dignidad de todo hombre, especialmente del que sufre, del necesitado. La evangelización, el predicar y testimoniar a Jesucristo es, por ello, el mayor acto de caridad con el que expresamos nuestra fe. La cercanía con el pobre es un claro testimonio de fidelidad al evangelio de Jesucristo, que nace de esa mirada de fe: “que descubre el rostro del Señor en aquellos hermanos nuestros con quienes Él se ha identificado y desde quienes Él nos interpela” (L.P.N.E 27). La presencia y la vida del pobre es un llamado de Jesucristo que nos habla y orienta a la conversión personal y pastoral en la vida de la Iglesia.

Esta palabra del Señor “invita a los pobres” nos ayuda a disponernos a vivir la 1° Jornada Mundial de los Pobres que Francisco ha instituido y nos invita a celebrarla como fruto del año de la Misericordia. Lo hace recordando al beato Pablo VI cuando afirmaba: “los pobres pertenecen a la Iglesia por derecho propio”, y la obligan a la opción fundamental por ellos. En el mismo sentido, retomando la reflexión que hiciera Benedicto XVI, Aparecida nos habla de la opción por los pobres como una “página implícita de la cristología” (392). Es la riqueza de este camino teológico pastoral que Francisco ha asumido y lo ha querido añadir a las: Jornadas mundiales establecidas por sus predecesores. Francisco nos habla de reaccionar ante una “cultura del descarte y el derroche”, que nos “disponga a compartir con los pobres cualquier acción de solidaridad, como signo de encuentro y de fraternidad”. Esto nos abre todo un programa de acción pastoral.

El lema tomado de san Juan se refiere a esa actitud que nace de la fe en Jesucristo: “No amemos de palabras sino con obras” (1 Jn. 3, 18). Vemos un llamado a iluminar nuestras vidas y acciones pastorales desde la vida y opciones de Jesús. Como toda Jornada Mundial está dirigida en primer lugar a la Iglesia, pero es una invitación a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener: “la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad”. Es un Mensaje profundamente evangélico, ecuménico y social porque parte de la fe en un Dios que es Padre y Creador, pero también desde Jesucristo que: “que por su encarnación, está unido de algún modo a cada ser humano”.

Queridos hermanos, en esta Asamblea termina mi servicio a la Conferencia Episcopal desde la presidencia. Solo me queda dar gracias a Dios y a ustedes, en quienes he encontrado comprensión, colaboración y caridad para acompañarme. Destaco el trabajo de todas las personas de la Secretaria General a quienes mucho les debo. Que el Señor supla con su misericordia, y ustedes sepan disculpar, aquello en lo que no he respondido plenamente. Que María Santísima, nuestra Madre de Lujan, nos siga acompañando con su maternal presencia.

+ José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina

 
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Mensaje de los obispos argentinos con ocasión de la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres Imprimir E-mail

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Mensaje de los obispos argentinos con ocasión de la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres
(19 de noviembre de 2017)

No amemos de Palabra, sino con obras (1Jn 3, 18)

Invitación
1. El Papa Francisco, como fruto del año de la Misericordia, ha invitado a toda la Iglesia a celebrar la 1ª Jornada Mundial de los Pobres, que se realizará el próximo domingo 19 de noviembre.
Su deseo es que “en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y los más necesitados.” (1) Será una oportunidad para desplegar actitudes evangélicas de misericordia, de cercanía, de escucha compasiva, mirada atenta, y compartir la oración y la alegría del amor de Dios por todos.
“Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes a que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro, pero al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres con cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad” (2).
Los obispos argentinos alentamos y animamos a las comunidades, a las personas consagradas, a las asociaciones, a los movimientos y al amplio mundo del voluntariado, a disponer lo necesario para que esta Jornada se desarrolle como fiesta de la misericordia junto a los más pobres y a los que sufren.

La Palabra de Dios nos ilumina
2. Nuestra fe en Dios Padre y Creador nos lleva a ver en cada hombre a un hermano. Cristo, por su encarnación, está unido de algún modo a cada ser humano, y este vínculo fundamenta la fraternidad universal y la altísima dignidad de cada hombre y mujer. Esta realidad nos compromete a una cultura del encuentro, a la defensa y a la promoción de la dignidad de todos y a cooperar por una sociedad más justa.
Para esto, Jesús eligió el camino del despojo y de la humillación; ocultó su gloria en su vida pobre y en la oscuridad de su entrega, hasta la cruz. También hoy su gloria se mantiene oculta en la persona de los pobres y humillados, a los que sigue nombrando sus "más pequeños hermanos", como en la parábola del juicio final (Mt 25,40). Nuestra fe reconoce así la sublime dignidad de los pobres, y su calidad de ser "sacramento” de su presencia.(3)
Mientras el mundo actual tiende a desentenderse del pobre y del débil, y busca expandir un consumismo que termina excluyendo a los que menos tienen, Jesús exige que los pobres sean evangelizados y que les llegue la “buena noticia” (cf. Is 61,1-2; Lc 4,18). Hoy una gran parte de nuestro pueblo es pobre: lo es en el interior del país como también en el cinturón de nuestras ciudades. Esta condición indigna se hace visible en la marginación económica, política y social, y también en la falta de un anuncio de fe que ilumine esas situaciones de carencia, de debilidad y de sufrimiento.
Como María de Nazareth es necesario proclamar que Dios y su acción operante en los creyentes es capaz de cambiar sistemas de desigualdad e inequidad (cf. Lc 1,51-53). En esta perspectiva, la realidad del pobre resulta evangélica porque abriga una esperanza continua de cambio y, es mariana, porque dispone a que Dios intervenga con su fuerza y su poder en este cambio.(4)

Los predilectos de Jesús
3. Jesús tuvo una predilección particular por los pobres y los que sufren (cf. Mt 25,31-46): necesitados de pan (cf. Jn 6,5s.), y también de sus palabras de vida (cf. Jn 6,68). Ellos tambén hoy nos estimulan y desafían al don, a la equidad y a la justicia. Escuchar sus clamores y compartir con ellos el camino de la vida y la fe, nos integran y nos hacen artífices de igualdad y fraternidad, experimentando el gusto espiritual de ser un solo pueblo.(5)
En este espíritu, la Iglesia anuncia la bienaventuranza de la pobreza como la virtud que hace descubrir el sentido de la austeridad ante los bienes y la riqueza. La pobreza evangélica impulsa a compartir con alegría lo que se es y lo que se posee, para retener sólo lo necesario. Es una propuesta de vida y un ejercicio de libertad de espíritu, como lo hicieron y hcen muchos cristianos inspirados en las palabras de Jesús (cf. Mt 5,3; cf. Lc 6,20).
Desde el evangelio se favorece siempre un «círculo virtuoso» entre una pobreza «que conviene elegir», y otra pobreza «que es preciso combatir»; y ésta es la pobreza sinónimo de miseria, con frecuencia resultado de injusticias y provocada por el egoísmo, que trae indigencia y hambre, y favorece los conflictos.(6)
El espíritu de pobreza anunciado y vivido por Jesús corrige dos desmesuras: la avaricia y el despilfarro. Inspira y libera nuestra capacidad solidaria y hace que cada ser humano resulte un dispensador de bienes. La vida es un don y no una propiedad, y debemos crecer en la capacidad de ser administradores de bienes que liberen el sufrimiento de tantos. Ser artífices de una justicia nueva empeña el trabajo y un esfuerzo especial de honestidad frente a la corrupción tan extendida.(7)
Vivir con alma de pobres hace hace visible en la comunión de lo que somos y tenemos. Así lo experimentaron las primeras comunidades cristianas, en las que se compartía la fe, la vida cotidiana y los bienes según las necesidades de cada uno (cf. Hch 2,42-47; 4,32-35; 5,12-16). Este espíritu de pobreza lleva a una felicidad que nace de la alegría de haber encontrado al Señor, que “siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2Cor 8,9).

Hacia una acción eficaz
4. La dureza del momento presente y la autenticidad del compromiso exigen a todo bautizado realizar una acción eficaz de promoción de la justicia, de alivio del dolor y de una defensa de la real dignidad del pobre, del débil y del indefenso. Redescubrir el valor evangélico de la pobreza implica entonces opciones concretas de justicia y de solidaridad. En una patria dotada de todo tipo de recursos y posibilidades, la falta de coherencia de la fe y de vivir una solidaridad sostenida en el tiempo es en gran medida la causa de los niveles de miseria que mucha gente sufre.
El mensaje de justicia social del profeta Amós que denunciaba la insensibilidad de sus oyentes porque “no se afligen por el desastre su pueblo” (Am 6,7) es hoy muy actual; igual que la indiferencia del rico ante la indigencia de Lázaro en la parábola de Jesús (Lucas 16,19s.). Ese desinterés y frialdad por el que sufre, instaura en la tierra un sistema férreo de desigualdad.
En el Antiguo Testamento el sabio creyente oraba así: “Hay dos cosas que yo te pido, no me la niegues antes que muera: aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des ni pobreza ni riqueza, dame la ración necesaria, no sea que, al sentirme satisfecho, reniegue y diga: «¿Quién es el Señor?», o que, siendo pobre, me ponga a robar y atente contra el nombre de mi Dios” (Prov 30,8-9). Esos fieles comprendieron que los bienes en esta tierra sirven si son útiles para vivir con armonía la relación con Dios y con el prójimo, que la riqueza acumulada como fin en sí resulta dañosa, pero que entendida como bien útil es un tesoro para bien del que las posee y para el bien común.

Para tener en cuenta
5. Para la celebración de la Jornada, el Papa Francisco nos invita a organizar “diversos momentos de encuentro y de amistad, de solidaridad y de ayuda concreta. Podrán invitar a los pobres y a los voluntarios a participar juntos en la Eucaristía de ese domingo, de tal modo que se manifieste con más autenticidad la celebración de la Solemnidad de Cristo Rey del Universo, el domingo siguiente.” (8)
También nos recuerda que el “fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres. La petición del pan expresa la confianza en Dios sobre las necesidades básicas de nuestra vida.” (9)
Finalmente, nos pide a cada uno que “en ese domingo, si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos. De acuerdo con la enseñanza de la Escritura (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2), sentémoslos a nuestra mesa como invitados de honor; podrán ser maestros que nos ayuden a vivir la fe de manera más coherente. Con su confianza y disposición a dejarse ayudar, nos muestran de modo sobrio, y con frecuencia alegre, lo importante que es vivir con lo esencial y abandonarse a la providencia del Padre.” (10)

Bajo la protección de la Virgen María
6. La Virgen María conoce la fuerza transformadora del amor y de la ternura. “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura.” (11) El gesto sencillo, cotidiano, cercano y atento, con la dulzura de la preocupación por las necesidades del hermano, hacen posible una transformación que es propia del amor.
A ella le pedimos que esta Jornada sea una oportunidad para que crezca el compromiso de todos en el amor hacia los más pobres y que afiance el caminar de nuestra patria en la que todos nos sintamos y seamos sus artífices de la “cultura del encuentro”.

Obispos miembros de la
Comisión Permanente de la
Conferencia Episcopal Argentina
Agosto de 2017


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1 PAPA FRANCISCO, Mensaje I Jornada Mundial de los pobres, Nº 6..
2 Ídem
3 CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA. Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización, Nº 27.
4 Ídem, Nº 32.
5 Cf. PAPA FRANCISCO, Evangelii gaudium, 268.
6 Cf. PAPA BENEDICTO XVI, Verbum Domini, 107.
7 Idem, Nº 57.
8 PAPA FRANCISCO, Mensaje, cit., Nº 7.
9 Idem, Nº 8
10 Idem, Nº 7
11 PAPA FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, Nº 286.

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Conmemoración de los 500 años de la Reforma - UCSF Imprimir E-mail

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Claves para su interpretación en una era ecuménica y global

La Universidad Católica de Santa Fe se suma a la conmemoración de los 500 años de la Reforma Luterana, con la Jornada “Claves para su interpretación en una era ecuménica y global”, el próximo 18 de octubre de 19 a 21.30 horas.

Fue el 31 de octubre de 1517 cuando Martín Lutero clavara sus 95 tesis contra la venta de indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittenberg (Alemania). Este hecho es el que marca el origen de la reforma protestante y de diversas iglesias con millones de fieles.

Desde entonces, la Iglesia de Roma y el que pasó a llamarse protestantismo han estado separados por ideas doctrinalmente irreconciliables.

Sin embargo, desde el Concilio Vaticano II y, -sobre todo- en los últimos años, se ha comenzado a dialogar y se han dado pasos adelante en la esperada unidad de los cristianos, que incluye también a los ortodoxos. El Concilio ya comprometió a la Iglesia Católica “a recorrer el camino de la acción ecuménica” y los posteriores viajes de los Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI y recientemente Francisco a los países protestantes y los encuentros con sus representantes fueron prueba de ello.

Uno de los numerosos gestos de acercamiento fue el Benedicto XVI, el papa alemán, quien el 24 de enero de 2011 en su discurso al obispo luterano Friedrich y la delegación de la Iglesia Evangélica Luterana Unida de Alemania, expresó que “luteranos y católicos tendrán la oportunidad de celebrar en el mundo entero una conmemoración ecuménica, de defender a nivel mundial las cuestiones fundamentales, y no en forma de una celebración triunfalista, sino como una profesión común en nuestra fe en el Dios Uno y Trino, en la obediencia común a nuestro Señor ya su Palabra”.

El Papa Francisco participó en el año 2016 de la rememoración en Suecia. Allí, dio “gracias a Dios por esta conmemoración conjunta de los 500 años de la Reforma, que estamos viviendo con espíritu renovado y siendo conscientes que la unidad entre los cristianos es una prioridad, porque reconocemos que entre nosotros es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. El camino emprendido para lograrla es ya un gran don que Dios nos regala, y gracias a su ayuda estamos hoy aquí reunidos, luteranos y católicos, en espíritu de comunión, para dirigir nuestra mirada al único Señor, Jesucristo”.

Posteriormente, este año, al referirse a esta fecha expresaba que todos somos conscientes de que el pasado no se puede cambiar. Sin embargo, hoy, después de cincuenta años de diálogo ecuménico entre católicos y protestantes, es posible hacer una purificación de la memoria, que no consiste en realizar una corrección impracticable de lo que ocurrió hace quinientos años, sino en «contar esta historia de una manera diferente».

Francisco, sostiene que sin rastro alguno de aquel rencor por las heridas sufridas que deforma la visión que tenemos los unos de los otros, hoy, como cristianos, estamos llamados todos a liberarnos de los prejuicios hacia la fe que profesan otros con un acento y un lenguaje diferente, a intercambiarnos mutuamente el perdón por los pecados cometidos por nuestros padres y a invocar juntos de Dios el don de la reconciliación y de la unidad.

En este contexto, el Vicerrectorado de Formación de la UCSF, junto al Instituto de Ciencias Sagradas de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz, realizará esta Jornada de reflexión.

En la que disertarán el Pbro. Dr. Ricardo Mauti, delegado del Arzobispo para el diálogo ecuménico e interreligioso, sobre “Luteranos y Católicos en diálogo a la búsqueda de una unidad diferenciada”, y el Pbro. Dr. Mario Haller, delegado para el ecumenismo de la Arquidiócesis de Parana, “Aproximación histórica desde catequesis y la liturgia”.

La Jornada se realizará en la Sede de la UCSF –Echagüe 7151- en el Aula 1.28.
Para mayores informes e inscripción pueden comunicarse a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla  

 
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