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EL PERDÓN, COMO PRINCIPIO DE UNA VIDA NUEVA

Uno de los temas centrales de la enseñanza de Jesús es el tema del perdón. A la pregunta de Pedro: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano?" (Mt. 18, 21), la respuesta del Señor no es cuantitativa, tal vez era lo que esperaba Pedro, por el contrario, el perdón, le dice, no debe tener límites, siempre, es la respuesta de Jesús. Esto nos habla del inicio de una vida nueva, que sin negar el valor de la justicia en su justa proporcionalidad, nos abre un camino capaz de sanar heridas y reconstruir relaciones en base a la verdad y el amor, que son la fuente de una vida nueva del Evangelio de la gracia. Insisto, esto no niega el plano de la justicia, pero no se ata a él, diría que la supone pero tiene un horizonte que la trasciende y al que somos llamados. El perdón no es impunidad.

El perdón es gracia, porque tiene su fuente en la Pascua de Cristo que ha reconciliado a Dios con el hombre y a los hombres entre sí. Es útil recordar a san Pablo cuando nos dice: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo” (2 Cor. 5, 17-19). Por ello, el perdón no se puede imponer como una ley, sino que es una invitación a participar de esa vida nueva que tiene su fuente en Cristo y se nos comunica como gracia. No es posible vivir la exigencia del perdón, de la que nos habla el Evangelio, sino comenzamos por vivir la novedad de Jesucristo en nuestra vida. En este sentido debemos decir que el obrar cristiano sigue al ser cristiano.

La conciencia de haber sido perdonado es la que nos debe llevar a perdonar. Esto lo vemos en la parábola del servidor que pide ser perdonado y no es capaz de perdonar. Conocemos la indignación del Señor: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?" (Mt. 18, 32). Sin conciencia de haber sido perdonados, es difícil comprender el Evangelio del perdón como gracia, nos seguimos moviendo en el plano correcto de la justicia, que tiene su valor pero su límite. El perdón, como gracia, no depende de la ofensa sino de la presencia viva de Jesucristo, que nos abre al camino creativo de una vida nueva.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Última actualización el Jueves, 14 de Septiembre de 2017 09:07
 
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