12 de agosto de 2017 - Ir al Señor en los momentos difíciles PDF Imprimir E-mail

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IR AL SEÑOR EN LOS MOMENTOS DIFÍCILES

El evangelio de este domingo nos muestra la presencia de Jesús en esos momentos de dificultad que nos tocan vivir, y él nos llama. Él siempre está, pero necesita que nosotros vayamos. El encuentro con Jesús se da en un clima de libertad y confianza. El texto nos habla de una tormenta que ponía en peligro la barca en la que se encontraban los apóstoles y ven a Jesús que se acerca caminando sobre las aguas y les dice: “Tranquilícense, soy yo, no teman” (Mt. 14, 27). En este relato es importante notar, dice un comentarista, que el acento está puesto más en la barca que en los discípulos, es decir en la Iglesia, que también está llamada a afrontar diversos embates en su caminar. Lo que queda claro es que Jesús siempre está en esos momentos, solo tenemos que ir a Él.

Cuando Jesús le tiende la mano y lo sostiene a Pedro, le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? (Mt. 14, 31); es una recriminación que nace del amor. Cada uno puede reconocer, o recordar en su vida, esos momentos difíciles en los que nos parece que todo tambalea y no encontramos una salida. Nos sentimos solos, incluso nos preguntamos: ¿por qué a mí? Corremos el peligro, además, de sentirnos víctimas de todos los males y hacer de nuestra vida una queja y demanda constante. La fe en estas circunstancias no siempre nos da la solución que esperamos, parecería que nos deja sin respuesta, sin embargo, ella nos da la certeza de nuestra relación de hijos frente a un Dios que es Padre. No estoy solo, es la primera certeza de la fe.

Aquí comienza el camino de respuesta de la fe como nos lo ha enseñado Jesucristo. Siempre me gusta volver a aquel texto en el que Jesús nos habla de nuestra relación de criaturas, y del cuidado que el Padre tiene por cada uno de nosotros: “Si Dios viste así la hierba de los campos que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!” (Mt. 6, 30). Vuelve, en otro contexto, a aparecer el mismo reproche: “hombres de poca fe”. La fe nos introduce en un ámbito en el que sabemos que somos alguien para un Dios que nos ama y cuida y, por ello, no estamos solos. También la fe nos abre a un horizonte que trasciende los límites de este mundo, porque nos habla y descubre, desde Jesucristo, el sentido personal y último de nuestra vida.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Última actualización el Jueves, 17 de Agosto de 2017 09:12