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LA ALEGRÍA DEL CRISTIANO

El 3° domingo de Adviento nos habla de la alegría del cristiano: “Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de ustedes, en Cristo Jesús” (1 Tes. 5, 16-18). Estas palabras nacen de la experiencia de san Pablo en su encuentro con Jesucristo, y se las comunica a los cristianos de Tesalónica. Hoy, Francisco, nos trasmite esta misma experiencia de la alegría de la fe cuando nos dice: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG. 1). Puede haber dolor en un cristiano, pero no tristeza.

La fuente de la alegría cristiana es Jesucristo, pero nos puede pasar que, a pesar de nuestra fe, él no sea una presencia viva que ilumine y de sentido a nuestras vidas. Cuando esto sucede podemos vivir en “esa gris monotonía” en la que todo parece correcto, sin embargo nos falta la alegría y el entusiasmo de la fe. Tal vez nos haga bien, y necesitemos escuchar, esa frase que el Bautista les dice a los enviados de los Fariseos en el evangelio: “en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen”, refiriéndose a Jesucristo (Jn. 1, 26). A Cristo siempre lo debemos seguir encontrando, sea en su Palabra como en la oración, en los Sacramentos y en esa presencia en sus hermanos, especialmente los más necesitados, como en la vida de la comunidad eclesial cuando se reúne el domingo a celebrar la fe. Si no renovamos el encuentro con él, tal vez mantengamos nuestra fe, pero no llegamos a conocerlo plenamente y a vivir la alegría de la fe.

En este camino de Adviento es útil renovar nuestro encuentro con el Señor. Él llega a nosotros y no siempre nos encuentra. Nuestra vida espiritual se puede ir secando en la misma fe y en las obras que realizamos con cierta rutina, vamos perdiendo el entusiasmo que teníamos. Nos puede hacer bien recordar aquel reproche que leemos en el Apocalipsis dirigido a la Iglesia de Éfeso: “Conozco tus obras, tus trabajos y tu constancia…. Pero debo reprocharte que hayas dejado enfriar el amor que tenías al comienzo” (Ap. 2, 2-4). Necesitamos renovar el encuentro con Jesucristo para mantener viva la alegría de la fe.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

Última actualización el Jueves, 14 de Diciembre de 2017 09:06
 
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