Desde el Evangelio
17 de junio de 2017 - Corpus Christi PDF Imprimir E-mail

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2017 16CORPUS CHRISTI

Siempre celebramos con gozo y gratitud la Solemnidad del Corpus Christi. Es la Fiesta en la que recordamos que Jesucristo nos dejó en la Eucaristía, a modo de un testamento vivo y personal, su presencia. En ella nos dice cómo ha querido quedarse con nosotros. Como vemos, no se trata de una creación de la Iglesia sino de fidelidad a su voluntad. Así lo vivió la Iglesia desde el comienzo, siguiendo fielmente la trasmisión de los apóstoles. Si bien Jesucristo es el centro de la Eucaristía, no nos podemos quedar en esta sola afirmación, debemos descubrirnos como sus destinatarios. Esta certeza de la fe san Pablo nos la presenta a modo de una pregunta, cuando nos dice: “Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? (1 Cor. 10 16); nos habla de ella como alimento, por ser “fuente y cumbre” de la vida cristiana (L.G. 11), nos dirá el Concilio Vaticano II.

Pero Jesucristo no ha venido solo para quien lo recibe, ha venido para todos. Comprender este alcance universal de su presencia, es leer con fe el sentido de su misión que no se cierra en aquellos que lo reciben, sino que los compromete en su misión. La fuente de su envío es el amor de Dios que: “tanto amó al mundo, que entregó a su Hijo único, para todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por él” (Jn. 3, 16-17). La fe cristiana tiene una pretensión de universalidad que no es proselitismo, sino testimonio de una presencia que, respetando la libertad, presenta un camino que moviliza por atracción de su verdad, bondad y belleza. Esto aleja a la fe cristiana de todo fanatismo que comprometa la libertad del hombre. Misión no es proselitismo.

Al hablarnos de su presencia en la Eucaristía Jesucristo nos muestra esta universalidad de su presencia cuando nos dice: “y el pan que daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn. 6, 51), es decir, no es solo para mí, es para Vida del mundo. Ello nos debería llevar a preguntarnos si mi participación en la eucaristía tiene este alcance que Jesús le da a su presencia como enviado de su Padre para todos, o queda solo como una buena práctica religiosa, pero sin la apertura a ese horizonte del que nos habla. Participar en la Santa Misa, que es celebrar la Eucaristía, es asumir un compromiso con Cristo que nos debe definir como “discípulos y misioneros” de su presencia en el hoy de nuestra historia.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
10 de junio de 2017 - Colecta Anual de Cáritas PDF Imprimir E-mail

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COLECTA ANUAL DE CARITAS

Caritas nos convoca a participar en su Colecta anual bajo el lema: “Si ves en el otro a tu hermano, nadie puede quedar excluido”. Con este llamado nos invita a ser protagonistas de un mundo diferente. Nos habla de tener una mirada hacia el otro, al que sufre, y nos dice que no es alguien más, es mi hermano. Asumir esta palabra y hacerla realidad en nuestras vidas es el comienzo de una vida nueva y el camino de un cambio con grandes consecuencias. Hablaría del comienzo de una verdadera revolución social porque tiene en el corazón del hombre la fuente de un cambio profundo. Es pasar de una cultura egoísta a una cultura solidaria. Es necesario recordar que el primer precepto de la moral social es, precisamente, todo hombre es mi hermano. A partir de este principio todo cambia.

Caritas en la Iglesia no es una Institución más, es la misma Iglesia que celebra su fe en Jesucristo y la hace realidad en la caridad. No puede haber una Iglesia fiel a Jesucristo que no viva, predique y se organice en torno al mandamiento del amor, que es la expresión mayor de su fe en Jesucristo. La caridad expresa la fe del cristiano, nos dice el apóstol Santiago: “¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano desnudo o sin alimento, le dice: Vayan en paz, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (Sant. 2, 15-17). Este ver al otro como mi hermano es el comienzo de un camino de transformación en mi vida, que nos hace presencia que eleva y acompaña a quien me necesita. ¡Qué triste cuando vemos dar cosas que no tienen el gesto de una auténtica caridad!

Si bien Caritas es expresión de la fe la Iglesia, ella pertenece y convoca a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Ella es por vocación un espacio y un lugar de encuentro de todos lo que quieran sumarse a este llamado solidario a colaborar, para ser una respuesta concreta que hace a la dignidad y a las necesidades de nuestros hermanos. ¡Con cuánta esperanza, trabajo y gratitud se están preparando los voluntarios de Caritas para esta colecta anual! Ellos no necesitan los números de una estadística o de una encuesta para conocer la dura realidad de muchos hermanos nuestros, ellos quieren ser presencia y respuesta desde ustedes porque han visto en el otro a su hermano.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
03 de junio de 2017 - Solemnidad de Pentecostés PDF Imprimir E-mail

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SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

Con la celebración de Pentecostés se inicia una nueva etapa en la Historia de la Salvación que podemos llamarla el tiempo de la Iglesia, como presencia e instrumento de la obra de Jesucristo. La Iglesia es, decían los Padres, como la luna, no tiene luz propia la recibe del sol que es Jesucristo, pero es consciente de su verdad y misión en el mundo. Por ello, cuando la Iglesia no mira primero a Jesucristo sino que se mira a sí misma, se oscurece, corre el peligro de la auto-referencia y pierde la luz que le da sentido, queda una estructura sin vida. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, él viene para animar y dar vida a esta realidad sacramental que Jesucristo ha fundado sobre los apóstoles.

Esta continuidad con la obra de Jesucristo es clave para hablar de Pentecostés y la Iglesia, como nos enseña el Concilio Vaticano II: “Consumada la obra que el Padre confió a su Hijo en la tierra (cf. Jn. 17, 4), fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que santificara a la Iglesia” (LG. 4). Al Espíritu Santo le corresponde la misión de interiorizar en nosotros como gracia, la obra de Jesucristo. En Pentecostés se hace pública la presencia de la Iglesia, ya instituida por Jesucristo y que recibe en el Evangelio su carta fundacional. Por ello, cuando rezamos el credo luego de manifestar nuestra fe en Dios Padre como creador, en el Hijo como redentor, decimos “creo en el Espíritu Santo y la Santa Iglesia Católica”. La fe en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, nos introduce en la continuidad de este camino único de amor y de vida para el que hemos sido creados.

La escena de Pentecostés que leemos este domingo en el evangelio de san Juan, nos dice que: “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ¡La Paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo” (Jn. 20, 21-23). Hay tres realidades en estas palabras que nacen del encuentro con Jesucristo, y se hacen vida por el don del Espíritu Santo, que marcan el estilo de vida de un cristiano: Alegría, Paz y Misión. A esto estamos llamados. No se trata de una utopía sino de una realidad posible, que es fruto de la presencia del Espíritu Santo.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
27 de mayo de 2017 - Solemnidad de la Ascensión del Señor PDF Imprimir E-mail

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2017 13

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Al concluir el tiempo pascual celebramos la Fiesta de la Ascensión del Señor. ¿Qué significa este hecho de la vida de Jesús? Él, al asumir nuestra condición humana nos reveló el sentido pleno de nuestra vida. Así lo vemos a lo largo del evangelio donde nos fue mostrando con su Palabra la verdad de quienes somos y el camino hacia dónde vamos. Ahora, con su Ascensión, nos revela ese término al que estamos llamados como hijos de Dios. Su Ascensión nos habla de que hemos sido creados como seres espirituales para una vida que no conoce lo definitivo de la muerte, somos peregrinos en este mundo con una vocación trascendente. En la Ascensión celebramos la certeza de esta realidad última que da sentido pleno a la vida y esperanza del hombre.

En la persona de Cristo que vuelve junto al Padre, está la clave última de nuestra vida. Cuando él les anuncia ésta realidad a los discípulos, les dice: “Yo voy a prepararles un lugar”, uno de ellos, Tomás, le pregunta: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino? Jesús le respondió: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14, 5). Su Ascensión es el fundamento de nuestra vocación trascendente y de nuestra esperanza. Ya no vuelve solo junto a su Padre que lo había enviado al mundo, sino como cabeza de un pueblo redimido y glorioso, llamado a participar de su misma vida.

En este momento Jesús les deja a los apóstoles, a modo de un mandato, la misión de predicar lo que han visto y recibido: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 16-20). La misión no es una agregado a la vida del cristiano, sino la expresión madura de su fe: “Ay de mí, si no evangelizare” (1 Cor. 9, 16), es la conciencia misionera del apóstol, que marca y define la vida de la Iglesia. Ella existe para evangelizar. En este contexto de trasmitir un mensaje, la Iglesia quiere valorar el sentido de los medios de comunicación social, como esa presencia necesaria en la trasmisión de valores que elevan la dignidad de la personas y saben crear vínculos de encuentro. Mis saludos y oraciones a todos los que participan en los medios de comunicación.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

 
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