10 de diciembre de 2016 - Signos de la presencia de Jesús PDF Imprimir E-mail

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SIGNOS DE LA PRESENCIA DE JESÚS

Juan Bautista ante la presencia de Jesús manda a sus discípulos que le pregunten si era él el Mesías esperado: “¿Eres tú el que tenía venir o debemos esperar a otro?”. Tal vez Juan estaba sorprendido por los gestos de Jesús, él esperaba a un Mesías justiciero y con gran poder. Jesús les responde a los enviados mostrándoles los gestos de liberación realizados por él: “Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen” (Mt. 11, 3-5). Los signos de la presencia mesiánica de Jesús no son de poder, sino manifestación de la misericordia de Dios hacia los débiles. Será luego el mismo Juan, el Precursor, quien lo va a presentar a Jesús, diciendo: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1, 19).

Estos signos pobres y liberadores de Jesús, siguen siendo la base del testimonio de la presencia del Reino de Dios. Venimos de celebrar al año Santo de la Misericordia que ha sido un llamado, precisamente, a vivir la esencia del Reino de Dios. No se trata de una obra humana o política, sino de una presencia viva de Jesucristo en nosotros que nos hace testigos de su Reino. Esto significa que debemos hablar de la gracia, de los dones del Espíritu Santo, como realidad y camino de su presencia en nosotros. Debemos hablar de conversión y santidad, del “hombre nuevo” que ha dejado las ataduras de lo viejo para revestirse interiormente de lo nuevo: “El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente” (2 Cor. 5, 17).

Vivir este mensaje con la certeza de una verdad de fe que es fuente de alegría y de paz, y que nos sentimos llamados a predicarlo es un signo del “hombre nuevo”. Siempre recuerdo la advertencia que nos hacía Benedicto XVI, cuando nos decía al hablarnos de la fe que nuestra mayor amenaza: “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”, a todos nos toca concluía: “recomenzar desde Cristo”. Este puede ser el plan de este tiempo de Adviento para ser signos de la presencia de Jesucristo en nuestras relaciones.

Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz