04 de marzo de 2017 - Las Tentaciones de Jesús PDF Imprimir E-mail

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LAS TENTACIONES DE JESÚS

Al comenzar la Cuaresma la Iglesia nos propone el evangelio de las tentaciones de Jesús. Todo lo que acontece en él es para nosotros testimonio y camino de salvación. Él es el testigo fiel, el iniciador de nuestra fe (cfr. Heb. 12, 2). Las tentaciones buscan desviar, apartar a Jesús de su misión. Es llevarlo a desconocer su origen, la voluntad de Dios, su Padre, y el sentido de su venida al mundo, su misión. Las tentaciones tocan dos realidades que hacen a su identidad: su procedencia de Dios y su misión. La relación con su Padre es el centro de su vida, y su voluntad, su alimento. Las tentaciones a las que fue sometido Jesús son únicas, son para él y tienen como finalidad apartarlo de su misión salvífica.

Para nosotros, sin embargo, aunque sean distintas las tentaciones existen, no las podemos excluir de nuestra vida, hacen a nuestra condición humana. El Señor nos enseña a tener frente a ellas una actitud de discernimiento, libertad y rechazo. Si bien existe la fragilidad del pecado, no hay un determinismo que nos condiciona fatalmente. Somos personas libres dotadas de inteligencia y voluntad que contamos con la riqueza de la fe, que nos ilumina y hace partícipes de la vida de la gracia que es el triunfo de Jesucristo. La fe no excluye la tentación, pero nos abre un camino que nos fortalece. Este camino se apoya en la certeza de esa presencia del Señor que ha querido quedarse con nosotros: “Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). A Él lo encontramos y recibimos en su Palabra y los Sacramentos, esta es la misión que Cristo le ha dejado a la Iglesia.

El discernimiento y la libertad cristiana se apoyan en nuestra inteligencia y voluntad, pero necesitan de una escala de valores e ideales que iluminen su discernimiento y orienten la libertad hacia el bien. En este mundo de valores e ideales se nos presenta el Evangelio como un camino que ilumina y da sentido a la vida del hombre en sus opciones. La fe, por otra parte, no solo da elementos doctrinales sino que nos comunica como gracia, como fuerza interior, esa presencia del Señor que sana, eleva y capacita para asumir decisiones y rechazar todo aquello que pueda ser una tentación. Para un cristiano antes de hablar de tentación debemos hablar de esa presencia del Señor, que es nuestra verdad y riqueza.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz