01 de julio de 2017 - Ser discípulo del Señor PDF Imprimir E-mail

Compartir

2017 18

SER DISCÍPULO DEL SEÑOR

El evangelio de este domingo nos habla de la radicalidad del seguimiento a Jesús, él nos pide una entrega total a su persona y misión. El discípulo es llamado a seguirlo sin condicionamientos, desde una entrega hecha con pleno conocimiento y libertad. Para ello es necesario que el seguimiento surja de un encuentro personal con él. Siempre nos hace bien recordar aquellas palabras de san Pedro que son ejemplares para todo discípulo, cuando le dice: “Señor, ¿a quién iremos? Solo Tú tiene palabras de Vida eterna” (Jn. 6, 68). Solo él puede pedir esta entrega. En ello nos manifiesta su condición divina y el sentido de su presencia para nosotros. Él no es alguien más o ajeno a la vocación del hombre, es su: “Camino, Verdad y Vida. Nadie va al Padre (nos dice) sino por mí" (Jn. 14, 6).

Descubrirlo a Jesucristo en esta misión personal es el comienzo del discipulado. No se trata solo de un encuentro sino del inicio de lo definitivo. En un mundo en el que cuesta entender y aceptar la categoría de lo definitivo, corremos el peligro de hacer de Jesucristo y de la vida cristiana algo “light”, algo líquido que no tiene espesura ni justifica, por lo mismo, un compromiso para siempre. El seguimiento de Jesús no tiene nada de fanatismo que suprima la libertad, por el contrario, la necesita y exige. La centralidad de su presencia en nosotros no ocupa o desplaza a otro, sino que viene a iluminar el lugar de todos en referencia a su condición de hijo de Dios, como de su vocación trascendente.

Esta presencia de Jesucristo en nosotros adquiere un significado que le da a nuestra vida una dimensión misionera. Aquí vemos como el discípulo es llamado a ser misionero, cuando Jesús nos dice: “el que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió” (Mt. 10, 40). Comprender esta dimensión de la vida cristiana, que no es solo algo personal sino un testimonio de la presencia de Jesucristo, es la madurez del discípulo. ¿Comprendemos esto? O, nuestra pertenencia y diálogo con Jesucristo queda en el ámbito privado o de lo secundario, es decir, no es algo que ha calado hondo y define una vida. Frente a la persona de Jesucristo y a la radicalidad del llamado a su seguimiento se juega la opción más importante de una vida. Pido al Señor que sepamos ver y decidirnos frente a esta opción.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz