08 de julio de 2017 - Vengan a mí PDF Imprimir E-mail

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VENGAN A MÍ

En el evangelio de este domingo Jesús nos dirige una mirada de amor con la que busca acompañarnos en los momentos difíciles. Él siempre está cerca de quienes sufren, no niega el dolor, pero nos dice: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré” (Mt. 11, 25). Con estas palabras nos muestra su presencia ente el dolor, que es algo que pertenece a nuestra condición de criaturas, no somos dioses, somos hombres y mujeres que caminamos con: “gozos y esperanzas, con tristezas y angustias” (G.S. 1). En esta historia, que es también Historia de Dios, somos peregrinos hacia una plenitud de vida. Desde Jesucristo ya no caminamos solos.

Él ha venido, precisamente, para asumir nuestra condición humana y mostrarnos un camino nuevo, en el que él mismo se hace camino para darnos fuerza y alivio en nuestro caminar. ¿Qué nos pide?, algo simple pero que requiere de una decisión: “Vengan a mí”, nos dice. Este ir hacia él nos habla de una actitud de fe con la que lo reconocemos como enviado de Dios, su Padre. Él no es alguien más, es el Hijo de Dios que ha venido para salvarnos, recordemos que: “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único, No para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn. 3, 16). Esta salvación, que en su plenitud aún la vivimos en la esperanza, ya comienza a ser realidad en este mundo cuando nos encontramos con él.

Lo que Jesús nos propone no es negar el dolor o tratar de desentendernos de él, sino de asumirlo y ponerlo junto a él. Es convertir nuestra historia en Historia de Dios, que tiene en Jesucristo su fuente salvífica. Su cruz es signo de un amor que nos salva, por ello nos dice: “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt. 11, 29). Su respuesta no es decirnos: el dolor no existe y dejarnos tranquilos, al contrario, nos dice: reconózcanlo pero no se dejen vencer, Yo lo he asumido y los acompaño. Un dolor, una cruz sin Cristo agobia, nos aplasta, no encontramos salida. No busquemos en Cristo lo mágico que solucione todo, él está presente nos acompaña e involucra en la respuesta.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz