02 de septiembre de 2017 - Mes de la Biblia PDF Imprimir E-mail

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MES DE LA BIBLIA

Celebramos el Mes de la Biblia. Estamos ante un Libro que reconoce autores humanos, pero que nos pone en contacto con un acontecimiento que tiene a Dios por autor principal. No estamos ante un libro que nos habla de Dios, sino ante un Libro que es la voz de Dios. Es Dios el que habla. Ello hace de la Biblia el primer lugar de encuentro con Dios, nos habla del camino de Dios hacia el hombre que ha creado y a quien le ha enviado a su Hijo, Jesucristo. A esta realidad que nos narra la Biblia la llamamos la Historia de la Salvación, porque tiene a Dios por autor y al hombre como destinatario. Esto le da a toda la Biblia una profunda unidad, que san Agustín la expresa diciendo: “El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo y el Antiguo es manifiesto en el Nuevo”.

¿Cómo leer la Biblia, entonces? Esta pregunta es esencial, porque va ir determinando una espiritualidad bíblica que nos dispone a un encuentro personal y fecundo con ella. No es un libro más. La Palabra de Dios necesita de una actitud de escucha, por ello es útil recordar algunos pasajes de la misma Escritura que nos enseñan esta actitud: “Habla, Señor, porque tu siervo escucha” (1 Sam. 3, 10), es el testimonio siempre actual de quien la recibe con un corazón abierto. La escucha se nutre del silencio. Respecto a la unidad de los dos Testamentos creo que el mejor intérprete es el mismo Jesús cuando, en el diálogo con los discípulos de Emaús, les explicaba los acontecimientos sucedidos desde una lectura completa de la Historia de la Salvación, y ellos se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc. 24, 32). Es la misma Biblia la que nos enseña a ser lectores de su contenido y de su sabiduría salvífica.

No es el momento para detenernos en una explicación de la Lectio divina, con sus momentos de “lectura, meditación, oración y contemplación”, pero sí para tomar conciencia de que estamos ante un acontecimiento de la Historia de la Salvación que nos tiene como destinatarios e interpela, y que nos quiere hacer testigos y misioneros de su verdad para todos los hombres. La Palabra de Dios no podemos “privatizarlo”, ella está dicha para todos, y tiene desde Cristo un horizonte de universalidad.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz