07 de octubre de 2017 - Mes de la Familia PDF Imprimir E-mail

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MES DE LA FAMILIA

En el mes de octubre celebramos el Mes de la Familia. Es una realidad que nos compromete, por ello hablamos del “evangelio de la familia”. No se trata de algo que pertenece a otra época, si bien la historia le da un ropaje propio ella es parte del designio de Dios. Para la fe cristiana todo tiene su fuente en Dios que se nos revela a través del libro de la Creación y del libro de su Palabra. La Familia encuentra su lugar en ambos libros. Dios nos habla en la creación, hay que saber leerlo y escucharlo en su Palabra que ilumina su misma obra. Al crear al hombre, varón y mujer, Dios nos muestra en esta diversidad una complementariedad única que está al inicio de la vida y de su cuidado.

Es común decir que la familia es la primera escuela de los derechos humanos y del comportamiento social. En ella se aprende, sin grandes discursos, las relaciones fundantes de la vida social. Esto los vemos, incluso, por vía negativa, cuando frente a problemas de conducta en los jóvenes se dice que no han tenido una familia que los eduque y contenga; han crecido en un clima de orfandad afectiva y social. Parecería que llegamos descubrir su importancia y necesidad por su ausencia. Esto debería preocuparnos, a la familia habría que descubrirla en sus valores, su bondad y belleza moral, no tanto para defenderla sino para que sea un camino que nos involucre y haga responsables de ella. Aquí debería estar presente la misma sociedad en todas sus instancias políticas, educativas y económicas.

La familia necesita, por otra parte, de una actitud oblativa, de entrega al otro. Por ello, lo que destruye a la familia es el egoísmo, el individualismo, esa incapacidad de pensar en términos de nosotros, que es la clave que nos lleva a vivir ese sentido oblativo del amor, que es la causa de una profunda alegría. Qué triste cuando el otro es sólo un escalón en mí aparente realización personal, y vamos dejando vacíos que el otro necesita. ¡Cuántas familias destruidas por la pequeñez de intereses que creemos nos justifican! La familia necesita de docencia pero también de la presencia de testigos que muestren la alegría de su verdad, de su bondad y belleza. Ella necesita del tiempo, de la palabra y el diálogo para superar momentos difíciles y volver a encontrarse.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz