14 de octubre de 2017 - Día de la Madre PDF Imprimir E-mail

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DÍA DE LA MADRE

En el marco del mes de la Familia celebramos este domingo, el Día de la Madre. Una fecha que tiene un profundo significado de verdad y de amor en nuestras vidas y en la sociedad. A la maternidad no hay que explicarla es un hecho, un don que nos acerca al misterio de la vida desde la presencia y dignidad de la mujer. No celebramos una fecha en abstracto sobre la maternidad, sino el rostro concreto de alguien en quien reconocemos nuestras raíces. Esto nos habla de una verdad fundamental en nuestra vida que nos da identidad y que hace a nuestra historia. Es una verdad que tiene su fuente en el mismo orden de la creación al que podemos ayudar pero no cambiar. No es posible hablar de maternidad subrogada o de alquiler de vientres sin violentar esa relación con su sentido profundo.

Existe, además, el derecho del hijo a conocer esta verdad que da certeza a sus orígenes. Somos alguien porque ha habido alguien de quien nos reconocemos hijos. Acercarnos a lo único y personal de esta relación es vivir con gratitud la verdad de lo que somos, y descubrir en ella el camino del amor. Verdad y amor son en la maternidad dos caras de una misma moneda, a la que siempre la estamos descubriendo y somos llamados a vivirla desde nuestro humilde reconocimiento. Es un día en el que realizamos un homenaje justo y afectivo a quien nos permitió, con su generosidad y esperanza, ser partícipes del misterio de la vida. La maternidad participa del amor creador de Dios.

No se trata de un día más para cumplir o generalizarlo en algo impersonal, sino que cada uno le tendrá que poner esa nota propia que resume una historia personal. Para algunos será la alegría del encuentro, para otros, tal vez, la ocasión de actualizar ese encuentro y reconstruir una relación esperada, para muchos, entre los que me encuentro, el recuerdo agradecido y ejemplar de una madre que se hace oración en el silencio. Todos celebraremos un día con una historia propia y sus recuerdos, pero con un mismo sentimiento con el que actualizamos nuestra condición permanente de ser hijos. Elevo mi oración por todas las madres, también por aquellas que están en camino de serlo y lo esperan con amor. Y, especialmente, por las que no están y las recordamos con emoción.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz