04 de noviembre de 2017 - La autoridad es servicio PDF Imprimir E-mail

Compartir

LA AUTORIDAD ES SERVICIO

En el evangelio de este domingo escuchamos uno de los reproches mayores de Jesucristo, cuando habla de aquellos que utilizan sus lugares de autoridad, sea en provecho propio o para exigir de los demás esfuerzos que ellos no realizan. A ellos los llama “hipócritas”: “porque no hacen lo que dicen…..Todo lo hacen para que los vean…, les gusta ocupar los primeros puestos" (Mt. 23, 1-12). Visto, desde el Evangelio, estamos ante la perversión de algo que es necesario para la vida de una comunidad, me refiero a la autoridad, a las personas que están llamadas a ejercer una función noble al servicio del bien común. Función que debe tener una dimensión ejemplar en quienes la ejercen y reclama, por lo mismo, un testimonio de coherencia y transparencia.

Recuerdo aquella frase (atribuida a santo Tomás de Aquino): “corruptio optimi pessima est” (la corrupción de los mejores es la peor). Cuando aquel que ocupa un lugar de autoridad no vive ni tiene una conducta moral en el ejercicio del poder, se convierte en un elemento destructivo para la sociedad. Jesús no se queda solo en la crítica, sino que pone un principio que debe tener en cuenta quien ejerce la autoridad: “El más grande entre ustedes será el que los sirva, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Mt. 23, 11-12). No se niega la autoridad, pero la define en términos de servicio y humildad. No se trata de llegar para instalarse y ejercer el poder, sino para ponerse al servicio. La actitud de servicio purifica al poder.

Jesús no enseña solo con un buen discurso, nos da el ejemplo con su vida. Este sentido de la autoridad como servicio lo vemos claramente en su testimonio cuando después del lavarle los pies a los apóstoles en la última Cena, les dice: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes." (Jn. 13, 12-15). Dirá lo mismo en otro contexto: “No he venido para ser servido, sino para servir” (Mt. 20, 28). Cuando el ejercicio de la autoridad se desconecta del marco moral de los valores y de la actitud de servicio, se degrada y termina siendo un elemento nocivo que empobrece el nivel de encuentro en la sociedad. El buen ejercicio de la autoridad necesita, por ello, de humildad para ejercerla y de sabiduría para ser justa.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz