11 de noviembre de 2017 - Creo en la vida eterna PDF Imprimir E-mail

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CREO EN LA VITA ETERNA

Uno de los artículos del Credo es: Creo en la vida eterna. Es decir, creemos que nuestra vida no termina con la muerte sino que caminamos hacia un horizonte de eternidad. Esto significa que la vida del hombre tiene un destino trascendente. Es la fe la que nos da este conocimiento por el don de la sabiduría, que nos permite conocer de dónde venimos y hacia dónde vamos. La sabiduría no niega ni disminuye la inteligencia, sino que la eleva a un nivel de conocimiento que la ilumina y da sentido pleno al hombre. Este don de la fe, por el que se nos comunica la sabiduría, se apoya en la palabra de Jesucristo que es: “el iniciador y consumador de nuestra fe” (Heb. 12, 2). No podemos hacer de la fe un sentimiento subjetivo, ella se apoya y crece en algo objetivo que es Jesucristo.

El encuentro con Jesucristo no es, por ello, algo secundario para el hombre sino el comienzo de un camino que lo lleva a descubrir el sentido de su vida. Siempre recuerdo la experiencia de san Agustín, podríamos decir la de un buscador de la sabiduría de Dios, cuando en sus confesiones dice: “Mi corazón estuvo inquieto, Señor, hasta que no te encontró y descansó en Ti”. En el libro de la Sabiduría que leemos este domingo encontramos esta rica expresión del “buscador”: “La Sabiduría es luminosa…, se deja contemplar por quienes la aman, y encontrar por quienes la buscan” (Sab. 6, 12). Si bien el don es algo gratuito que no depende de nosotros, sin embargo, somos parte en cuanto a esa necesaria actitud de búsqueda de la verdad y del bien que nos abre a él.

Jesús, al hablarnos del término de nuestra vida en el mundo, nos dice: “Estén prevenidos, porque no saben ni el día ni la hora” (Mt. 25, 13). Esta advertencia nos habla de una actitud de espera y preparación. No se trata de provocar miedo ante la muerte, sino de hablarnos de una verdad de nuestra vida y de la confianza en un Dios que es Padre y nos ha enviado a su Hijo, para que él sea nuestro Camino, Verdad y Vida. Esto es lo que lleva a san Pablo a tener una actitud confiada ante la muerte, porque ella ha sido vencida por Jesucristo, y nos abre a una vida que no conoce el ocaso de la muerte: “Cuando lo que es corruptible se revista de incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: La muerte ha sido vencida" (1 Cor. 25, 54).

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz