18 de noviembre de 2017 - Responsabilidad de los talentos PDF Imprimir E-mail

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Mons. José María Arancedo - Desde el Evangelio

RESPONSABILIDAD DE LOS TALENTOS

Dentro de la igual dignidad de todo hombre percibimos una diversidad de talentos que no es injusta ni nos debe aislar, por el contrario, es una riqueza recibida que debe estar al servicio del bien común. Esta diversidad nos habla de una mayor responsabilidad, así lo vemos en la parábola de los talentos que hoy leemos en el evangelio. Jesucristo valora a aquellos que habiendo recibido cinco o dos talentos se encargaron de hacerlos producir, en cambio, critica a aquel que habiendo recibido uno solo lo esconde por temor a perderlo (cfr. Mt. 25, 14-30). Debemos conocer y respetar la igualdad de todo hombre que tiene su fuente en su misma dignidad humana, pero también saber reconocer la diversidad que no la niega, sino que la enriquece y compromete.

El talento recibido es un don y una tarea. Cuando esta relación se pierde, no se la asume con responsabilidad, se empobrece el hombre y la misma sociedad. El don recibido nunca debe quedarse encerrado en uno mismo, como algo para provecho propio, sino que debe definirse como una riqueza al servicio del otro, del bien común. El sabernos parte de una comunidad que me necesita es el principio de una sabiduría social que nos ayuda a superar los límites de nuestro pequeño mundo. Una cultura que pongo el acento solo en lo individual nos puede volver egoístas con lo que tenemos, y cerrarnos al encuentro con mis hermanos. Mis talentos pierden su horizonte de comunidad. Veo en estas actitudes la causa de muchas injusticias y violencia.

Siempre que hablamos de cuestiones en la que el hombre es el centro y el protagonista del bien en la sociedad, tenemos que hablar de la dimensión moral que tienen los valores que sostienen. Lo moral no es una cuestión subjetiva sin referencia a la vida social, es la fuente de un obrar virtuoso. A mayor talento, mayor responsabilidad. Esto requiere de una jerarquía de valores en los que la verdad, la justicia, la solidaridad, el respeto por la vida, el bien común tengan para el hombre un grado de exigencia que lo comprometa socialmente. El talento recibido nos habla de trabajo y fidelidad para hacerlos producir, en ello se opone a la pereza y la vagancia como a falta de compromiso con el deber asumido. Recrear una cultura del trabajo es parte de esta parábola de los talentos.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo
Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz