Homilía en la Fiesta de la Virgen de Guadalupe 2015 PDF Imprimir E-mail

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Mons. José María Arancedo - Homilías

 

Hemos llegado desde diversos barrios, pueblos y ciudades con la confianza de hijos, para agradecerte tu presencia maternal. Aquí, en Santa Fe, a orillas de la laguna Setúbal te dejaste encontrar por la piedad de un ermitaño que nos trasmitió su amor y devoción. Eso bastó para que la fe del pueblo santafesino reconociera, en ese simple y silencioso signo, un gesto de tu amor maternal hacia nosotros. Este es tu estilo, así te conocimos y te vemos en el evangelio. Desde entonces Guadalupe es un lugar de encuentro, de oración y de gracia, que actualiza nuestra fe y nos lleva al encuentro con tu Hijo.

El lema que nos ha convocado este año es la Familia. Ella es historia, es presente y profecía para la humanidad. No hablamos solo de una verdad religiosa, sino de una realidad que hace al amor de los esposos y el cuidado de la vida, a la educación de los hijos y la cultura de un pueblo. El primer Sínodo que ha convocado el Papa Francisco es, precisamente, sobre la Familia, bajo el lema: La vocación de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. No ver su importancia y actualidad, como el justo y urgente reclamo que ello implica, me atrevo a decir, es un acto suicida de la sociedad.

La Familia no es algo del pasado, es el ámbito primero del amor y de la vida, de la trasmisión de valores y del sentido de solidaridad. Es lugar de raíces, referencias y afectos, que es la fuente segura de una cultura que hace a la dignidad del hombre y al bien de la sociedad. ¡Cuántas veces vemos con dolor en la orfandad de muchos jóvenes, un triste testimonio de su ausencia! La Familia es la mejor inversión para alcanzar una sociedad más humana y fraterna.

Esto venimos a pedir y a hacerlo oración a los pies de nuestra Madre en Guadalupe, pero también a comprometernos, a ser una voz, un testimonio y un reclamo de ciudadanos que amamos a nuestra Patria y buscamos lo mejor para ella y sus hijos. Es justo y es necesario que nos preocupemos ante hechos de violencia y de muerte, del avance de la droga y el delito del narcotráfico, de la corrupción y la ausencia de valores, que son heridas que nos debilitan, agreden y empobrecen socialmente. Esto, hoy, lo queremos hacer oración en Guadalupe.

Pero también es necesario dedicar un tiempo de reflexión para encontrar las causas de estos males, ello nos permitirá orientar los pasos y buscar certezas para crear las condiciones de una sociedad más humana y solidaria. Aquí aparece el valor insustituible de la Familia como lugar privilegiado de amor y docencia. Ella no es algo mágico sino una obra maestra que la debemos cuidar y construir. Este debería ser un desafío que nos comprometa a todos, en primer lugar a las mismas familias que deben vivir con gratitud y responsabilidad la verdad del amor que los ha unido y la vida que han engendrado, pero también a quienes les corresponde en el ámbito social, cultural y político, crear las condiciones que la acompañen en su camino. La Familia sigue siendo lo nuevo para la sociedad, por eso decíamos que es profecía para la humanidad.

Como todos los años, al finalizar esta celebración voy a hacer entrega de la imagen peregrina y misionera de la Virgen de Guadalupe, nuestra Patrona, a los responsables de los diversos decanatos para que los anime en la Misión que venimos realizando en toda la Arquidiócesis. El mejor regalo que le podemos ofrecer a nuestra Madre es comprometernos a ser sus misioneros, para llevar a nuestros hermanos la Palabra de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Esto es lo que Ella siempre nos pide en el Evangelio.

Queridos hermanos, hemos traído en nuestros corazones sentimientos de gratitud y de amor a nuestra Madre. También hemos venido, con la confianza de hijos, trayendo nuestras necesidades y dolores que nos acompañan. Volvamos a nuestras casas y comunidades con la certeza de que nuestras inquietudes hechas oración han sido oídas y recibidas por María en Guadalupe. ¡Jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio, haya sido desamparado! Amén.

Mons. José María Arancedo

Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz