Cargando...


21 abril de 2026

Bajo el lema ¡Gracias Madre, porque tu amor nos abraza a todos!, más de 180.000 peregrinos, de más de 30 localidades, visitaron el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de la arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz.

Desde muy temprano el sábado, y hasta la última celebración eucarísticas del domingo, niños, jóvenes, familias, enfermos y discapacitados… llegaron a visitar a la Madre llevando con ellos sus ofrendas, sus pedidos, sus agradecimientos, sus promesas. Como ocurre cada año, esta edición de la Peregrinación a Guadalupe, la 127°, no fue la excepción. El pueblo de Dios peregrinó para visitar a su Madre.

El sábado por la mañana fue el momento para los miles de niños y niñas de la catequesis, que llegaron hasta la basílica a llevar sus ofrendas. Por la tarde la misa por las personas enfermas y discapacitadas congregó también a cientos de peregrinos. Más tarde fue el momento para la Pastoral Carcelaria, la Familiar y de la Vida, para cerrar con la ofrenda juvenil.

Ya el domingo, a la tradicional misa de los peregrinos, continuó la de las vocaciones, para llegar a la celebración central, con la bajada de la Virgen desde el camarín, la procesión por el barrio y la misa presidida por monseñor Sergio Fenoy.

“En Guadalupe, cada peregrino dejó algo de sí… y se llevó una bendición que no se explica, se siente, y seguramente irá fecundando la semilla del amor que cada uno se llevó su corazón, después de haber celebrado la fiesta de la Madre. Seguramente, aparecerán los frutos de la alegría para superar las tristezas, frutos de fortaleza para hacer frente a las dificultades y frutos de esperanza para tener horizontes diocesanos que nos ayuden a seguir fieles en el seguimiento de Jesús”, expresó el párroco Marcelo Blanche.

Durante todo el fin de semana, Cáritas recibió las donaciones de los peregrinos en alimentos no perecederos para compartir con las personas más necesitadas de las comunidades de la arquidiócesis. Asimismo, más de 300 personas participaron como voluntarios, servidores y colaboradores, ya sea de la comunidad guadalupana, como así también de Cruz Roja, servicios de ambulancia 107, COBEM, SEM, Bomberos Voluntarios, Protección Civil, Colegio de Podólogos y de la Municipalidad de Santa Fe.

Video de la homilía de monseñor Sergio Fenoy

Desgrabación de la homilía.

Por Providencia de Dios, podemos celebrar a nuestra Patrona, siempre, en el tiempo de la alegría, de la santa alegría, el tiempo de la Pascua. Siete semanas, que son una sola, un solo domingo, decían los antiguos. El gran domingo. Por eso los evangelios que siempre compartimos, son tan hermosos.

Particularmente este, creo que nos sentimos como involucrados en la lectura. Al lado de Cleofás hay un discípulo sin nombre, para que nosotros pongamos el nuestro. Para que sintamos que estamos ahí. Para que sepamos que también nosotros hemos pasado o vamos a pasar por los momentos que esos discípulos tendrán que vivir la tarde de Pascua.

Así que, imaginemos que estamos ahí, y mientras compartimos el texto preguntémonos: ¿dónde estoy?, ¿cómo estoy?, ¿qué hago?, ¿qué puedo hacer?

Hay como tres momentos. El primero es la fuga, la huida. Los discípulos están en Jerusalén, ellos los dejan, y con un paso que no es un paseo precisamente, sino un paso cansado, triste -con el rostro oscuro dice el evangelio-, arrastrando la muerte dejan Jerusalén y van hacia su pueblo.

Llevan la muerte en el corazón, la muerte de Jesús. Quieren separarse del crucificado. Porque lo querían, y mucho, y por eso hablan todo el camino sobre Él y no pueden creer que haya terminado como un criminal. Y seguramente que en esa discusión están buscando el culpable, ¿quién fue?, ¿cómo fue?,¿cómo Dios permitió esto?, ¿cómo no hizo nada?, ¿quién habrá sido?

No es solamente la muerte de Jesús, es el final de sus sueños, de sus ilusiones. Es la muerte de una imagen de Dios, que tenían, que tenemos… muy pegada en el fondo del corazón: el Dios omnipotente de la fuerza y del dominio. Todo eso lo va mascullando en el camino.

Podemos sentirnos nosotros también ahí, cuando abandonamos las comunidades, cuando la Iglesia nos escandaliza y nos hiere, cuando esperamos de Dios lo que no nos da, cuando nos cansamos de pedir.  Cada uno puede poner su discurso; su discurso de dolor, de desazón.

Inútilmente quieren separarse. No lo van a lograr. No lo hubieran logrado. Porque, aunque se van, Jesús es el tema de conversación. Así como San Carlos de Jesús decía, una vez que encontré a Cristo me di cuenta que no podía, sino vivir para Él, estos discípulos van a tener que decir o podrían haber dicho, aunque nos alejamos nuestra vida ya no va a ser la misma. Una vez que lo hemos conocido, aunque fracasó, aunque nos desilusionó, ya no podemos volver a lo de antes. Es mentira que pueden volver.

Nadie que se ha encontrado con una página del Evangelio o con Jesús haciendo alguna experiencia en su vida, es el mismo. Nadie, no nos engañemos. Después de Jesús, nadie queda igual.

El segundo momento es el encuentro. Jesús estaba con ellos, pero ellos no lo veían. Jesús resucitado siempre está. Desde que resucita siempre está con nosotros. No juega a las escondidas de aparecer y desaparecer, de ir y venir; siempre está con nosotros. No siempre lo vemos. Ahí está Él. Y ese paso de muerte tendrá que ser paso con otro, ya son tres.

El Señor le irá contagiando su propio paso. Pero lo hace como siempre, como maestro. Entonces lo primero que hace…, los quiere escuchar. Los quiere escuchar. Quiere que les cuenten qué les pasa, los hace dialogar, los hace descargar. Que ellos cuentan su historia, su interpretación. Jesús le da la interpretación desde la palabra que ilumina y da sentido.

Y esto nos dice también que nuestra propia historia tendrá la interpretación de la palabra que utilicemos, o de la que nos sirvamos se la de. Si es la palabra del egoísmo, la palabra del mundo, la palabra de la vanidad, del individualismo; contaremos una historia. Si es la palabra de Dios, será otra la historia. La palabra que elijamos interpretará nuestra vida.

Es Buen Pastor que sale a buscar la oveja que se perdió. Es el Dios que ama primero, que no espera que alguien se pierda para después ir a buscarlo. Él se adelanta en el camino del extravío; y creo que también planea alguna trampita para que cuando nos vamos, caigamos en esa trampa, caigamos en sus brazos.

Es Dios de las mil emboscadas. Sabe cómo ponernos emboscadas para cuando nos queremos ir, y al darle la espalda, volvamos a caer en sus manos y en su corazón.

Por último, es el regreso. En el encuentro los discípulos tendrán que tomar el paso de Jesús y del rostro oscuro pasarán al corazón que arde. El corazón que siente las respuestas que estaban buscando. El corazón que se siente seguro, porque se siente amado. El corazón que ha alcanzado lo que buscaban.

Y el regreso. Que no sé si sería una carrera, si volverían corriendo… Pero si volverían con ganas de volver. Es el paso del deseo, del que tiene ganas de volver, del que se fue pero no esperaba la hora de encontrar alguna excusa, algún motivo para volver. El Señor que está presente no siempre se hace visible. Y ellos entonces, al encontrarse con ese peregrino, hacen la primera oración de la comunidad cristiana; la más bonita que podamos imaginar. Después de esa oración no vale la pena pensar en otras: «Señor quédate con nosotros».

¿Podemos pensar en algo más que le podemos pedir a Jesús? ¿Como Iglesia; cada uno de nosotros como familia? ¿Podemos pedirle otra cosa? ¿Hay algo más grande que decirle, quedate Señor? Quedate con nosotros.

Hace un gesto Jesús con el pan. Últimamente, será la Eucaristía, porque todo el relato es como el domingo: la palabra, la Eucaristía, el regreso es la misión. Últimamente será la eucaristía, pero, antes que nada, Jesús al tomar el pan les está diciendo «Yo soy este pan». Lo parte y lo da. «Yo soy la vida donada. Yo soy la vida donada»

En ese gesto descubren que Él está y lo ven. Las dos cosas, en el gesto aquel que estaba y no se veía, se descubre. En el gesto de amor. Ningún gesto de amor se pierde. La muerte no puede con ningún gesto de amor; no prevalece. Será la vida la que venza en cada gesto de amor. Y vuelven a compartir porque saben que, así como se fueron decepcionados, necesitan fe y alegría; y la fe y la alegría crece cuando la compartimos.

Tres momentos. Ahí está nuestra vida. Nuestro camino con Jesús, el camino de la Pascua, el que tenemos que recorrer de aquí hasta la eternidad.

Pensando en María, a quien celebramos hoy. Cuando esta tarde la bajábamos de su camarín, e iba mirando las escaleras para no caerme, pensaba: por estas escaleras subieron tantos miles de santafesinos. Muchos, este fin de semana. En esta fiesta. Tantos antes… Cuántos de ellos habrán sido discípulos de Cleofás, discípulos de estos cristianos, desconsolados, abatidos, tristes, pesimistas.

Cuánto camino llevando muerte para arriba. Y que hermoso que sea Ella la que baje como para deshacer ese camino triste con la presencia de su Hijo. Porque cuando lo encontramos, el brillo que Ella tiene no es propio. María no brilla por sí misma, refleja la belleza de Jesús. Por eso cuando bajaba y salía al encuentro, y recorrió estas calles y ustedes la saludaban, la aplaudían era el momento del encuentro. No tiene otra cosa para darnos que a Jesús.

Y por último el gesto, el gesto de amor que hace que descubramos que Jesús está vivo siempre al lado mío. Aunque no siempre lo vea. Siempre presente, aunque no visible. Este año quisimos regalarle un gesto a María, que estoy seguro era muy de ella. Como lo hizo en el nacimiento de su Hijo. Como lo hizo en la visitación. Como lo habrá hecho muchísimas veces en la comunidad el día de Pentecostés. Como lo hizo con su Hijo en el camino de la cruz: un abrazo. Un abrazo.

Toda la gente que ha venido a su santuario le ha agradecido que nos abrace. Ha agradecido un gesto de amor. Lo han sentido y a través de ese gesto no volvieron igual. Nadie queda igual después de Jesús. Nadie vuelve igual después de encontrarse con ella. Y mucho más si nos regala un gesto de amor tan humano, tan de Madre, tan cariñoso, de tanta ternura.

Queridos peregrinos, gracias por esta fiesta, por realizar una vez más esta peregrinación. Gracias a todos los que han servido, a los peregrinos, a todos los agentes pastorales de la basílica, a los sacerdotes que han confesado, a los diáconos y seminaristas que han bendecido, a todos los que hicieron gestos de amor para decir: Él está en medio nuestro, para decir aquí está Ella y está Él.

Gracias por esta fiesta y nos deseamos mutuamente que en el saludo de paz, que nos daremos en la misa, María esté recorriendo cada lugarcito de esta plaza. En los brazos del que lo da, en el corazón del que lo recibe, y que se lleven a su casa su abrazo y su bendición.

Guadalupe2
Guadalupe3
Guadalupe4
Guadalupe5


26 septiembre de 2024

La historia de la devoción a la Virgen de Guadalupe en Santa Fe comienza a mediados del 1700 cuando un monje mercedario encuentra una imagen de la Virgen de Guadalupe de México, la enmarca y la expone en un oratorio que la Familia Setúbal había construido en sus tierras, cerca de la antigua Laguna Grande. Muchos años pasaron desde entonces, pero el amor de nuestra madre María y la fe de todo un pueblo depositada a sus pies obró milagros y maravillas.

Para compartir esta historia con los más pequeños de la comunidad, se creó este corto animado producto de una coproducción original de la Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe y la Universidad Católica de Santa Fe. Relata, en un formato infantil, los acontecimientos que fueron construyendo esta devoción mariana que hoy trasciende las fronteras de la ciudad de Santa Fe y es un ejemplo de amor y de fe para el mundo.

Se suma a la propuesta un libro que cuenta la historia en imágenes, con dibujos originales del santafesino Hugo Lazzarini y que puede conseguirse en la Santería de la Basílica.

La devoción, la historia de fe y lealtad es la que relatan el libro y el corto animado, que además forman parte de un gran trabajo de investigación que comenzó en el año 2015 y se difundió a través de un documental que se presentó a principios de 2019.

En el mismo año se trasladaron a Buenos Aires para su recuperación y digitalización unas cintas encontradas en el año 2005 en el sótano del templo que corresponden a la Coronación Pontificia de la Virgen de Guadalupe que se realizó el 22 de abril de 1922.

Las imágenes muestran una Santa Fe de la década del veinte con su estructura arquitectónica muy distinta a la actual, los medios de transporte del momento, personalidades destacadas como el Obispo Boneo, Padre Genesio y el Gobernaor Ricardo Aldao entre otros, y la multitud de los fieles con las costumbres culturales de la época.

Equipo de trabajo:
Coordinación general: Pbro. Olidio Panigo, Párroco Rector de la Basílica Ntra. Sra. de Guadalupe
Dirección: Lic. Laura Parra
Ilustraciones: Arq. Hugo Lazzarini
Guion audiovisual: Lic. María Milagros Vigil sobre adaptación de María del Carmen Villaverde de Nessier
Música original: Diego Soldi
Voz en off: Mariano Rubiolo
Edición, animación y posproducción: Complejo Multimedial Universidad Católica de Santa Fe, bajo la dirección del Mgter. Danilo Mettini.

+ INFO:
Documental sobre la historia de la Virgen de Guadalupe en Santa Fe
Cintas de la coronación de la Virgen de Guadalupe – Año 1928