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11 junio de 2026

El obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz, Mons. Matías Vecino, presidió la celebración de Corpus Christi realizada en la ciudad sede, que este año tuvo como lema “Eucaristía, escuela de humanidad”.
Cientos de santafesinos de diferentes parroquias, comunidades, escuelas, movimientos, asociaciones y áreas pastorales, así como laicos -peregrinos de pie- se congregaron frente a la Catedral Metropolitana para celebrar a Jesús Eucaristía. Tras la celebración de la santa misa, tuvo lugar la tradicional procesión con el Santísimos Sacramento por las calles linderas a la Plaza 25 de Mayo y la Casa de Gobierno, para luego cerrar con la bendición.

A continuación compartimos algunos pasajes de la homilía de Mons. Vecino, que a partir de las lecturas del día, puntualizó tres caminos de humanidad. En primer lugar, el de nuestros límites y fragilidades.

Dios, en el largo camino que el pueblo de Israel hizo para liberarse de la esclavitud, no lo deja solo, y le dice: “yo te alimenté” (Dt 8, 16)

“La fragilidad no es algo que tenemos que superar, y seguir para adelante. Como menciona el Papa León en su primera encíclica, el ser humano no progresa a pesar del límite, sino a través del límite. En la fragilidad encontramos la posibilidad de la gracia, ya lo decía San Pablo: me glorío en mi debilidad”.

“Somos seres que estamos siempre en camino, peregrinos, no terminados, en camino hacia una plenitud, en medio de nuestras dependencias, de tantas cosas que nos esclavizan, nos atenazan, nos encadenan, Dios nos dice: no te dejo solo, me ofrezco yo mismo como alimento. Es un camino duro el de la vida, pero Dios está con nosotros”.

Como segundo camino, Vecino aludió a la Eucaristía como vínculo de unidad y comunión.

“Ya que hay un solo pan, todos nosotros aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo” (1Cor 10, 17)

La Eucaristía nos debe llevar al perdón, la comprensión, la mirada de misericordia, la necesidad del otro. No hay nada demoníaco, no hay nada más inhumano, que las divisiones, las críticas ácidas, las murmuraciones, las palabras hirientes, el bullying, la ironía mordaz, el desinterés, el individualismo que me aísla”.

El tercer camino de humanidad que propuso fue el de salir al encuentro:

“El pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51)

“Ser humanos es vivir en salida. La Eucaristía no es algo (solo) para mí, es para transformarme a mí en algo para los demás. No es para el propio fortalecimiento o perfeccionamiento, como si la santidad fuera eso, sino para lanzarme al anuncio del evangelio, y también para lanzarme al compromiso social, a la construcción de la ciudad de Dios. Que nuestra carne, nuestra vida, nuestro ser sea para la entrega y para la construcción de un mundo mejor”.

Hay dos riesgos grandes hoy para nosotros en el modo de relacionarnos con la eucaristía: la reducción legalista y la reducción devocionalista, que centran el vínculo con Jesús en mí mismo: yo tengo que, yo me siento bien. Y la Eucaristía no está en primer lugar solamente para mí, no está destinada a una autocomplacencia de ningún tipo: ni legalista ni devocionalista. Nos enseña que la humanidad verdadera pasa por la entrega: es mi carne, para la vida del mundo. En la celebración somos alimentados para la misión”.

La celebración no es para engordar ganado ocioso, no es para seguir creciendo yo y no dar una mano nunca a nadie. Sobre todo la Eucaristía nos empuja a mirar a los más pobres. Como decía Benedicto XVI, en Sacramentum Caritatis: no podemos ser alimentarnos por el Señor y despreocuparnos por el hambre de nuestros hermanos”.

“Volvemos nuestra mirada a María, ella que es maestra de humanidad, porque es la madre de la humanidad santísima de Dios. Que ella con su ternura, su cariño nos abra los ojos para amar a la humanidad. De ella, que arropó al Dios débil del pesebre, podemos aprender integrar nuestra fragilidad humana en nuestro camino espiritual. De ella, que acogió la vuelta de los discípulos luego del escándalo de la Cruz, aprendamos el arte de perdonar y formar comunidad. De ella, que salió sin demora a visitar a su prima Isabel, aprendamos a ser hermanos, a no encerrarnos”.