Homilía de pronunciada por monseñor Matías Vecino, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz en ocasión del Te Deum por la conmemoración de la Revolución de Mayo de 1810. La celebración tuvo lugar en la Iglesia Catedral, el domingo 25 de mayo.
- Introducción
Me animo a comenzar con una anécdota más bien autobiográfica con relación al texto del Evangelio que acabamos de escuchar. En un retiro en mi 4to o 5to año de seminario el predicador propuso a la meditación precisamente Mt 20,20-28. En su explicación ya había algo que suscitaba en mi interior cierto rechazo, pero cuando me quedé solo con ese texto, la rebelión se hizo explícita. Tengo que sumar que la plática anterior había girado en torno al evangelio del joven rico, que culmina con este comentario de Jesús: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mt 19,24). Ya con la cancha marcada por este texto, y confrontado personalmente por el que escuchamos recién, les confieso que entré en crisis y mi corazón hizo experiencia de un profundo rechazo a las palabras de Jesús. ¿Cómo puede ser que Dios ponga en mi corazón el deseo, el ímpetu, el anhelo de grandeza, de brillo, de trascendencia, y al mismo tiempo me diga que el camino para alcanzar esto es para el otro lado? ¿Cómo se entiende que la aspiración a presidir pase por el ojo de la aguja del último puesto? Algo de esto encontramos también en Nietzsche cuando escribía que el cristianismo “envenena” la humanidad con sus ideas de humildad, servicio, pequeñez, etc. (cfr. Deus caritas est, 3). Evidentemente a todos nos repelen ciertas ideas extrañas de Jesús, y la gran tentación es que terminemos como el zorro de la fábula, que intentando alcanzar las uvas por tres veces y no pudiendo, se termina convenciendo a sí mismo de que no valía la pena porque de todos modos estaban verdes. Es decir, llegamos a la conclusión de que el evangelio es muy lindo, pero que no es nada más que una especie de cuentito ficticio, edificante, sí, pero irreal, invivible en este mundo con sus lógicas y senderos propios. Sin embargo, les quería compartir igual este texto, y mi experiencia con él, porque entiendo que expresa el centro original y el gran aporte del cristianismo a la humanidad, y porque para todos es escandaloso, no sólo leerlo y predicarlo en un Te Deum “para otros”, sino también para mí mismo.
- Poder e ideología
Perdón por lo largo de la introducción, pero dicho esto, déjenme ahora compartirles unas pinceladas de la definición de autoridad y poder según Jesús de Nazaret. Lo primero que hay que decir es que los protagonistas no son ni herodianos ni romanos: son los discípulos de Jesús. El Señor no le está hablando a la dirigencia política, sino a la Iglesia, a los suyos. Podríamos decir: los destinatarios del pasaje “son obispos”. Aparece la madre (podríamos hacer una homilía aparte) y pide cargos. “La derecha y la izquierda”. Aquí estos términos no tienen la connotación que tienen hoy, pero en el fondo terminan significando lo mismo. Lo que pide la madre de los Zebedeos es poder. De hecho, las ideologías de izquierda o derecha son precisamente expresiones de una voluntad de dominio de las ideas por encima de las personas, como toda ideología, como incluso el cristianismo podría degenerar perversamente en ideología al erigirse en bastión de ortodoxia por sobre servicio de salvación para la persona humana. Hoy el Papa León publicó su primera encíclica en la que precisamente habla de esto (referido a la IA), y nos invita a construir, no una Babel (diversas lenguas, diversas ideologías) en la que los poderosos se buscan a sí mismos, sino una Jerusalén en la que Dios y la persona humana estén al centro. Cuando dejamos que los relatos sean más importantes que la gente, la gente se termina transformando en un instrumento para construir nuestro relato, usamos y abusamos de personas concretas, por lo general más débiles, para intereses particulares, que pueden ser económicos, afectivos o políticos. Es lo que el Papa Francisco denominaba populismo: la exacerbación de los instintos de la gente en beneficio propio, para obtener popularidad o votos.
- Relación poder espiritual y el poder secular
Lo segundo a subrayar tiene que ver con la expresión “esos puestos son para quienes los ha destinado mi Padre”. Luego de transformar, de manera magistral, su sed de dominio en fuerza para la entrega, Jesús les tira esta enigmática frase. No deberíamos olvidar que nuestros puestos dependen y provienen siempre de Dios. Lamentablemente, uno de los grandes males del secularismo, es la tentación de que por encima de mí no hay nadie más y que yo no le tengo que rendir cuentas a nadie. Es una especie de absolutismo camuflado con ropas democráticas, pero que a veces se siente en las actitudes, los discursos y las decisiones. Por otro lado, paradójicamente, nos encontramos a veces con dirigentes políticos que parecen profetas iluminados o mesías ungidos (este puesto me lo dio mi Padre, soy un enviado suyo). Miren que para esto en parte se hizo la reforma constitucional, para que la Iglesia no se meta en politiquería y deje de tener connivencias con el poder, reconociendo una sana laicidad al Estado, y para que el los dirigentes políticos no se pongan místicos. Voy a decir una barbaridad; una frase como para que me hagan un recorte y me escrachen en las redes. Yo creo que no tengo vocación de obispo. Siempre estuve seguro que quería ser discípulo de Jesús, pero no tengo un llamado a un cargo. Siento que el cargo me viene como añadidura a seguir a Jesús dondequiera que vaya, a beber el cáliz que él ha de beber. Me parece que se podría hacer una analogía con la actividad política: la vocación no es a ser presidente, o gobernador, o intendente, sino a servir al Pueblo argentino, cueste lo que cueste… ¡incluso el cargo!
- Autoridad y servicio
Y por último, los otros diez se enojaron. Todos aspiraban al cargo, pero no hay cargos para todos. Vuelvo a la idea inicial: Jesús les está hablando a sus discípulos. Pero me imagino que algo de esto debe suceder cuando se arman las listas para las elecciones, y después, cuando se tiene que cumplir con los compromisos de campaña. ¡Los cargos! Otra vez aparece el Jesús disruptivo, contracultural, revolucionario. Los jefes de las naciones dominan y los poderosos hacen sentir su autoridad… entre uds, ¡así no! En griego las palabras expresan un aire de superioridad, una idea de ponerse por encima de los demás (katakyriéuousin y katexousiázousin – kata: estar sobre, aplastar). Entonces, nada de privilegios ni de excepciones, nada de pensar que nos podemos arrogar ciertos derechos especiales por el peso que llevamos y el sacrificio que hemos hecho. Estamos llamados a ser ministros, que no es una especie de título nobiliario moderno, no es un espacio como la derecha ni la izquierda, sino el último lugar (latín: minus stare).
- Conclusión
Y termino con otra anécdota personal. En un curso para obispos nuevos que hice el año pasado, fue uno a dar un testimonio de su ministerio episcopal y nos dijo: tengan cuidado con caer en la tentación de la cohorte. Porque pasás de una parroquia, en la que te tenés que cocinar vos, te tenés que limpiar la pieza, tenés que pagar tus cuentas, hacer tus mandados, arreglarte como podés en muchas cosas, y ahora tenés todo solucionado. La secretaria te responde el teléfono, el ecónomo te paga las cuentas, el de la administración te cuida el auto, un chofer te lleva de acá para allá, y te empiezan a decir “Monseñor” y “Eminencia”. Entonces terminás pensando que sos mejor que los demás.
Hoy celebramos a María, madre de la Iglesia, una fiesta que nos recuerda cómo la Virgen, para ser la madre de todos, para ser-para-los-demás, tuvo que aprender a soltar su derecho y su título de Madre de Jesús. Le pedimos a ella, madre del Pueblo argentino, que nos acompañe como patria y nos vaya ayudando a vivir el Evangelio como ella lo vivió.



